El Pan Envenenado (Entre hojas de diario).

Por: José Acosta Díaz-
Lic. en Polìticas Culturales.
joseacostadiaz@hotmail.com
El grupo monopólico de medios de información, cuya punta del iceberg es el diario Clarín, tuvo su origen en el mes de agosto de 1945, dos meses antes de aquel histórico 17 de octubre en el que una muchedumbre de argentinos salió a reclamar por la libertad de Juan Domingo Perón. En sus comienzos se posicionó con un perfil “independiente”, aunque su fundador Roberto Noble nunca disimuló su intención de “incidir” en la agenda pública.
De tendencia económica desarrollista que proponía, para países periféricos como la Argentina, una participación activa del Estado hasta alcanzar pleno desarrollo de una industria nacional, complementaria a la ya existente producción de predominio agropecuario. No obstante ello, en septiembre de 1955, anunció con beneplácito el golpe militar que se impuso con violencia y muertes sobre el gobierno peronista que hizo de la sustitución de importaciones para el desarrollo industrial, una de sus premisas. En la década del ´60 el diario consolida su posición en el mercado local, apuntalándose en el desarrollismo que gobierna hasta 1962, pero también adoptando un impùdico y “exitoso” formato editorial que soplaba desde el occidente europeo, y que en la jerga cotidiana, cuando habìa que decir en voz alta, se podìa traducir como, “culturalmente de izquierda, políticamente de centro y económicamente de derecha…”, frase que luego le atribuirían a Timerman respecto a “La Opiniòn”.

Una enorme crisis de endeudamiento del diario, que se acumulò en su fase expansiva de los ’60, es superada en los comienzos del `70, en la cual tuvo rol protagónico el dirigente desarrollista Frigerio, quien además de aportar inversión, impone en una Àrea de la Direcciòn, a un joven contador – Magneto – que muchos años màs tarde se quedarìa en la cúspide de la estructura. Esta recuperación y fortalecimiento llevó a que algunos de sus directivos empezaran a plantearse no solamente incidir, sino tambièn «ser parte” del poder, insinuada ya después de la muerte de Noble en enero de 1969. La oportunidad de pegar “el salto” aparece con el golpe de 1976, en que grupos empresarios y militares sediciosos derrocan al gobierno constitucional dirigido, tras la muerte del General Perón, por su Vicepresidenta, Isabel Martínez de Perón. Desde sus páginas, desinformó todo lo relacionado con la represión criminal encabezada por el estado dictatorial de Videla y sus coautores civiles. Aquellas ideas desarrollistas que enarboló 30 años antes, solo sobrevivieron pàlidamente entre sus páginas, en alguna nota testimonial y poco más, garantizando al núcleo de poder aquella màxima de la jerga mediàtica manipuladora: «…la realidad puede ser tapa, o se puede tapar…«, integràndose como pez en el agua al establishment, al que buscaban pertenecer. Actitud que fue debida recompensada por la oligarquía gobernante encabezada por Martìnez de Hoz, que le facilitan la apropiación -bajo extorsión- de la empresa “Papel Prensa” (monopòlica en la produccion de papel de diario), en sociedad con “La Nación”, “La Razón” y el Estado Nacional, que entonces actuaba con la Doctrina de la Seguridad Nacional, y el terrorismo de estado como su cara visible ante el conjunto de su población. Con la llegada del gobierno neoliberal de Carlos Menem en 1989, prolífico continuador de las políticas económicas aplicadas por la dictadura, Clarín logró otro paso para su consolidaciòn, la modificación de la ley de radiodifusión de Videla: Además del diario y algunas pocas radios, comenzó a transformarse en un inmenso monopolio de multimedios, aprovechando las concesiones y privatizaciones sin control efectuadas en tiempo rècord durante el menemato. Ya con la conducción operativa de Magnetto, se consolida como Grupo, diversifica sus inversiones y se globaliza[1] (NR: en 1999 la multinacional financiera Goldman Sachs invierte 500 millones de dòlares en el Grupo, quedàndose con el 18% del capital), logra hegemonía implícita y explìcita en el universo mediàtico, que lo despliega con obscenidad en el boicot a los gobiernos populares de Nèstor y Cristina Kirchner, llegando a su màxima concentraciòn en la era macrista (la tercera etapa del neoliberalismo en Argentina), al capturar las comunicaciones digitales a travès de Telecom. [2]. Clarín queda instalado como «constituyente» del Poder real de la Argentina.

¿Pero, desde cuando abandona totalmente el enfoque “periodístico” si cabe reconocer rasgos, y se va transformando en una planificada maquinaria de operación política del poder fàctico?. Si bien la decisión política corporativa debía estar tomada mucho antes, tenemos una gran pista, de esta aviesa metamorfosis en la declaración del Presidente Alfonsìn en febrero 1987 diciendo: “…les pido que lean el Clarìn, que se especializa en titular de manera definida, como si realmente quisiera hacerle caer la fe y la esperanza al pueblo argentino….Sabemos que es un opositor acérrimo y no nos interesa…”. Cuestiòn que es corroborada por el Diputado radical Cèsar Jarolavsky (cuando todavía la UCR disimulaba su rol de furgón de cola de la derecha colonial) que ese mismo año le advertía sobre «Clarìn» a su líder Alfonsìn: “Hay que cuidarse de ese diario, ataca como partido político y, si uno le contesta, se defiende con la libertad de prensa”, un profeta de los tiempos que vivimos.
Hoy, es un Grupo que trabaja desde y para el poder. Para ellos la información es un alimento balanceado de engorde de conciencias. Pueden entonces ocultar lo importante, aquello que beneficie a la población, a la cual la prefieren ignorante, frustrada y enojada. Para ello intoxican con una arenga de intolerancia, e instalan la “infodemia” como una nueva capa geológica en la cultura que tienden a naturalizar, encubriéndola de “periodismo independiente”. Pero a poco de rascar las pinturas superficiales, queda expuesto todo el armamento del “periodismo de guerra” que sus principales escribientes confesaron ejercer pùblicamente: medias verdades, falsas noticias, titulares engañosos, ocultamiento deliberado de hechos relevantes, variadas formas de discriminaciòn y muchas veces mentiras totales.

En consecuencia, la prédica de estos medios concentrados – encabezados por el diario «Clarín» y «La Naciòn»(hoy degradada hacia el macrismo explìcito) , es un ofrecimiento a sus lectores de un “pan envenenado” todos los días. Una dosis cotidiana de toxina que debilita la convivencia democrática. Agazapados detrás de una libertad de prensa que ellos mismos ultrajan. Operan sin contemplaciones ni pudor contra aquellos gobiernos democràticos que no respondan a sus intereses. Si no vuelva otra Ley que favorezca una màs justa distribuciòn de los medios y de las informaciones, nos queda un desafío mayùsculo: desde la Comunidad Organizada deberemos tomar en nuestras manos, o mejor dicho en nuestras voces una sostenida “democratización” de hecho. Se tendrà que extender como el agua y avanzar por los intersticios donde existan obstàculos, ofreciendo el pan caliente de nuestras verdades relativas, las 24 horas del dìa, por todos los medios a nuestro alcance. En esta contienda, no habrà butacas para espectadores si queremos preservar nuestra vida democrática y republicana, y caminar colectivamente hacia una sociedad con justicia social, independencia económica y soberanía política.
“Las naciones prosperan o decaen simultáneamente con su prensa”. (J. Pulitzer)[3]
[1] https://grupoclarin.com/institucional/estructura-corporativa
[2] https://www.tiempoar.com.ar/nota/el-grupo-clarin-un-pulpo-que-alcanzo-un-tamano-inedito-en-los-ultimos-anos
[3] Un 10 de abril de 1847 nace el periodista Joseph Pulitzer. A él le debemos la creación del Premio Pulitzer de periodismo que se da por primera vez en el año 1917. Los Premios Pulitzer son galardones por logros en el periodismo impreso y en línea, la literatura y la composición musical en los Estados Unidos, establecidos en 1917. El origen de los premios Pulitzer se lo debemos al exitoso editor y periodista húngaro-estadounidense Joseph Pulitzer.
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